"...el punto más importante de nuestro pliego petitorio fue el de diálogo público con el que el movimiento quiso evitar los acuerdos en lo oscurito donde prevalecen los sobornos o la coerción ...nuestra forma de organización democrática ...criticaba hasta la raíz a las organizaciones autoritarias que dominaban y siguen dominando de manera casi absoluta a este pobre y deshecho país." (Julio Boltvinik) Recuerdos del movimiento estudiantil de 1968/I ("La Jornada" 19/09/2008, "Economía Moral")

lunes, 28 de junio de 2010

CARTA A JAVIER AGUIRRE Y DEMÁS.

Gracias al compañero Javier Vega Dour de CUU, recibí un escrito de alguien que no conozco llamado Armando Ortiz, y que me pareció muy valioso e interesante. Por eso me atreví a subirlo al Blog, esperando que a ustedes también les parezca de interés y utilidad. estoy totalmente de acuerdo con que no es hora de soñar, sino que es hora de despertar y estar más conscientes de todo lo que seguimos permitiéndoles a quienes viven de engañar y traicionar a los demás, a las mayorías, al pueblo de México. Deseando que cada vez existan muchos más Armandos Ortiz como el que escribió esta carta, reciban un saludo con aprecio y respeto. Atentamente: EAJM.

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Señor Aguirre, soy Armando Ortiz y no amo a México; al menos no a este México de su Iniciativa.

Señor Aguirre en respuesta a su spot sobre Iniciativa México debo decirle que trato de entender a este país y me detengo en su historia y me parece que, como dijo José Alfredo Jiménez, nada nos han enseñado los años, siempre caemos en los mismos errores. Nos han hecho creer que las revoluciones las hemos logrado los mexicanos, pero no, México cuando lucha no es México, es un grupo de hombres de poder que viendo afectado su patrimonio le da machetes, palos y piedras a sus peones para que se levanten en armas y vayan a luchar contra el enemigo, contra su enemigo. Si no fuera así, después de un 1810 no se hubiera necesitado un 1910 y hoy día es tan urgente una revolución en 2010 para equilibrar tanta injusticia, tanta corrupción, tanta mentira, tanto cinismo, tanta involución.

Señor Aguirre, no somos ese país democrático que usted cree, somos un país gobernado por una oligarquía, por una plutocracia que no va a dejar el poder en manos de este pinche pueblo jodido, como usted calificó en una entrevista en España; la democracia en México es una utopía, es decir, no hay tal lugar.

Señor Aguirre, no podemos ser un gran país ni seguro ni próspero y mucho menos justo mientras esos grandes intereses estén por encima del bien común. Mientras gente como usted se preste a legitimar las intenciones de esos grandes intereses.

Si bien usted dice que es hora de soñar, yo creo que es hora de despertar, es hora de quitarnos de encima el pie de esos que nos han estado oprimiendo desde hace muchas décadas. Tampoco somos un país de fracasados. No somos la selección nacional, ni seremos mejores si su equipo gana todos los partidos del Mundial. No somos fracasados y no necesitamos del éxito de 11 jugadores para sentirnos exitosos. Y eso es porque en cada familia hay una historia de éxito que va más allá de la sobrevivencia. El padre que logra inculcar a su hijo la honestidad y la decencia, la madre que acepta a la hija a pesar de sus tres meses de embarazo, los amigos que siguen visitando al enfermo de Sida, los hermanos que se siguen reuniendo en casa de la madre, que siguen viendo por sus padres, que no se olvidan de la educación de sus hijos. Ahí están las historias de éxito, no en los goles que la selección pueda anotar a sus adversarios.

Luchamos por sacar adelante nuestra causa, que por cierto, hace rato ha dejado de ser México, ese país que vive secuestrado; nuestra causa, que no es la suya, ni la de Televisa que le paga por dar esos mensajes, ni la del gobierno federal que lo cobijará de ahora en adelante como a un héroe; claro, a menos que la selección pierda, cosa muy posible por cierto.

Señor Aguirre no es cierto que vivamos en el país del “si se puede”, tampoco es cierto que vivamos en el país del “ya se pudo”, en realidad vivimos en el país del “no nos dejan”. No nos dejan precisamente esos que se sentaron el día lunes 7 de junio para presentar la Iniciativa México, el gran proyecto que habrá de cambiar la historia de nuestro país.

Señor Aguirre, ¿cómo espera que creamos que ellos quieren cambiar México cuando son precisamente ellos los que deberían cambiar? Ellos han hecho de nuestro país su hacienda y de los medios de comunicación una tienda de raya ideológica. Antes que pedirnos a nosotros que transformemos a este país, pida a ellos que dejen de pensar que somos parte de la herencia que les dejaron sus padres. Ahí estaba Emilio Azcárraga Jean quien apoyó con todas sus huestes el fraude electoral del 2006. Ahí estaba Mario Vázquez Raña, ¿no lo vio?, cagándose de la risa, codeando a Rogelio Azcarraga, dueño de esa ramera llamada Telefórmula, quienes ni siquiera guardaron respeto cuando estaba hablando un muchacho que con voz tartajeante intentaba definirnos lo que es la asistencia social. Ahí estaba Aguilar Camín, ese mercenario de la cultura, ahí estaba Salinas Pliego a quien en Estados Unidos lo tienen como delincuente fiscal; ahí estaba el hijo de Olegario Vázquez Raña, el amigo y socio de los hijos de Martha Sahagún; ahí estaban todos esos medios, corifeos del poder, como un séquito de putas. En realidad no somos nosotros los que debemos cambiar, son ellos los que necesitan transformarse de empresarios a personas.

Señor Aguirre, ahora, ¿quiere que creamos que con un reality show de buenas intenciones se puede cambiar al país? ¿Serán los cinco proyectos ganadores los que habrán de cambiar el rumbo de México? ¿Es esa su incipiente Revolución? ¿Usted también cree que con seis millones de pesos se van a solucionar los problemas de este país? 10 veces esa cantidad llevaban en relojes y joyas los que se sentaron a formar el Consejo Consultivo.

Para terminar señor Aguirre, quiero decirle que Iniciativa México es el equivalente a los palos, piedras y machetes que los hacendados daban a sus peones y con eso los lanzaban a la Revolución. Este país no va a hacer una revolución con esos palos y piedras ideológicas. Lo mejor sería que cada uno de esos empresarios, que dicen tener buenas intenciones, cumpla con sus obligaciones fiscales. Sólo eso sería un gran avance para este país; que esos que se disfrazan de buenas gentes pagaran sus impuestos y no anduvieran haciendo Teletones o Juguetones para conseguir dinero y con eso evadir al fisco. No necesitamos de una Iniciativa México para sacar adelante a este país, lo que se requiere es la iniciativa propia de cada uno de nosotros.

A todos los mexicanos les digo, es cierto, es tiempo de hacer historia, es nuestro año 2010. No nos dejemos engañar. Vamos a mandar a la chingada a todos esos medios que se valen de nuestra buena fe para lograr sus oscuros objetivos. Vamos a darles de una buena vez la espalda.

Y a ustedes los de Iniciativa México les digo, no nos quieran ver otra vez la cara, ya nos han chingado bastante, ahora vayan y chinguen a su madre.

Armando Ortiz aortiz52@hotmail.com

sábado, 26 de junio de 2010

VERDADES INCOMODAS.

La verdad no peca pero incomoda, dice el viejo y sabio refrán. Incomoda por que pone las cosas en su lugar, por que molesta a quienes viven de mentir y engañar sobre todo a la gente, a las mayorias, al pueblo de México en este caso. Incomoda y molesta a los políticos, empresarios y demás integrantes de la mafiocracia, corruptos y mentirosos como la mayoría que siguen saqueando al país.
Por eso vale la pena leer a periodistas como Jaime Avilés, a escritores como Carlos Monsivaís (qepd), personas que tienen el valor de hablar y decir verdades aunque molesten a los poderosos.
Esperando les sea de interés y utilidad, como siempre, un saludo para todos. Atentamente: EAJM.
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DESFILADERO

Jaime Avilés

Mi reyno no es de este rumbo

Monsiváis es un apellido catalán y al mismo tiempo un paisaje: montes y valles. Un paisaje que se extiende hacia todas las direcciones, que marca la rosa de los vientos y que abarca por ello un inmenso territorio. Un territorio donde conviven –y no precisamente en paz– todas las mujeres y todos los hombres que son víctimas de alguna forma de exclusión por su condición minoritaria, en un mundo en el que todas y todos somos parte no de una sino de múltiples minorías.

Minoritarios por nuestras filias y fobias ante los alimentos, por nuestro origen, por nuestra lengua, por nuestra posición económica dentro de una clase social; minoritarios por nuestras creencias o indiferencias religiosas, por nuestras inclinaciones filosóficas, por nuestras preferencias sexuales, políticas y deportivas; minoritarios, en fin, por todas las razones que de manera contradictoria y simultánea nos permiten a la vez ser integrantes de las grandes mayorías que excluyen y aplastan.

Desde el territorio ético, estético y moral que fundó Carlos Monsiváis, millones de hombres y mujeres hemos observado por décadas la grandeza y la desgracia cotidiana de un incierto país llamado México, y nos hemos reconocido por el uso compartido de herramientas que reivindican nuestros derechos minoritarios, excitan la inteligencia colectiva y mitigan el dolor personal; a saber: el ingenio, la parodia, la memoria, la crítica y la perspectiva, que sin embargo de nada nos habrían servido si no las hubiésemos empleado como resortes para pasar de la palabra a la obra, del pensamiento a la acción.

Si algo nos identifica y nos permite reconocernos a quienes somos conscientes de que habitamos por voluntad propia el territorio de Monsiváis, esto sin duda es el humor. Heredero de las sátiras liberales del siglo XIX, de los panfletos burlescos y agitadores de Posadas a principios del XX, del teatro de carpa que a finales de los 40 denunciaba a Miguel Alemán y sus 40 ladrones, el humor político de izquierda, perseguido y condenado a través de los siglos por la Iglesia, en los primeros años 50 fue secuestrado por la televisión: la santa alianza que desde Chapultepec 18, durante más de medio siglo, ha venido indicándonos, con risas grabadas, cuándo debemos celebrar sus chistes.

En los dulces años de la represión diazordacista (dulces comparados con el horror de hoy), a pesar de la censura religiosa y electrónica, el humor político de izquierda volvió por sus fueros en las mantas y las pintas del movimiento estudiantil del 68 y se instaló en las páginas de la prensa verdaderamente crítica (y por eso minoritaria) hasta nuestros días. Si en la cultura anglosajona Woody Allen es la síntesis del humor de Chaplin y los hermanos Marx, en México el humor de Monsiváis es la síntesis de Woody Allen y la familia Burrón.

La ahora reverenciada irreverencia de Monsiváis, sus felices juegos de palabras (mi reino no es de este rumbo), su ejercicio contenido y elegante, pero siempre feroz, de la burla; el éxito transexenal de Por mi madre, bohemios –incomprensible fuera de México, como bien apuntó Hermann Bellinghausen–, fueron todos estos años reflejos y espejos del estado de ánimo y de la madurez política de nuestra sociedad, pero también garantía de su permanencia en la vida (y en la vía) pública.

En las dictaduras fascistas (como las de Hitler, Stalin y Franco), así como en los colegios de curas y monjas, el humor siempre fue un alivio del que sólo se disfrutaba en secreto (como la masturbación). En las democracias se convirtió en un derecho social. Y en los pasajes de tránsito de una dictadura a una democracia, en los llamado periodos de destape, el humor y la libertad sexual siempre se han soltado el chongo hasta que el exceso de excesos devuelve la calma y construye una nueva normalidad.

En México, mientras el país está en obvia transición de una dictadura mediática de extrema derecha a una dictadura netamente fascista, el Canal 11 de la televisión calderónica ha iniciado un falso proceso de destape y ahora, como en la España de 1980 o la Argentina de 1990, produce y transmite programas de tema sexual, en los que bellas y jóvenes actricitas (véase Bienes raíces, serie estrenada el 15/01/10) cuchichean acerca de cómo hacerle más rico al glande (sic), en el colmo de la simulación democrática, porque a la vez que el comediógrafo Fernando Sariñana hace una televisión más atrevida, la guerra civil provocada por la oligarquía mexicana se intensifica y el régimen se colapsa en medio de un baño de sangre insoportable.

Con fervientes deseos de equivocarse, Fidel Castro comenta el desarrollo del torneo deportivo que se celebra en Sudáfrica y asegura que mientras la competencia entra en su etapa más emocionante y captura la atención de miles de millones de personas en el mundo, barcos artillados de Estados Unidos e Israel navegan hacia Irán para imponerle una nueva guerra, que a su vez, calcula, podría desatar otra entre Corea del Norte y Corea del Sur.

Mientras esos buques avanzan rumbo a la antigua Persia, en México los tres grandes partidos de la derecha –PAN, PRI y PRD– compiten bajo cuerda por ver cuál cometerá el mayor número de trampas en los 12 estados donde habrá elecciones de gobernador dentro de ocho días. Al final del cochinero, Felipe Calderón y Margarita Zavala y sus hermanos lamentarán el haberse peleado tan horriblemente con Maca, la presidenta del tribunal electoral federal, María del Carmen Alanís, que en todos los casos en que Manlio Fabio Beltrones se lo pida actuará en favor del PRI. Y si no –como dicen los columnistas que se las dan de muy salsas, y los bebedores de refrescos sin hielo–, al tiempo.

Hace tres días, en la capital del estado de Jalisco, Andrés Manuel López Obrador presentó su nuevo libro, La mafia que se adueñó de México... y el 2012, y consiguió algo que no lograron en su momento, cuando eran candidatos presidenciales, ni Diego Fernández de Cevallos, ni Vicente Fox, ni Cuauhtémoc Cárdenas: llenar el auditorio Salvador Allende de la Universidad de Guadalajara. El máximo dirigente opositor del país no sólo reunió allí a una multitud de estudiantes y profesores, que atiborró butacas, pasillos y escaleras, sino que fue escuchado por altoparlantes desde un salón contiguo.

En el territorio que nos legó Carlos Monsiváis, y cuyas fronteras están delimitadas por sus numerosos libros –el antepenúltimo de los cuales, por cierto, lleva por título Los mil y un velorios–, también conviven, por desgracia todavía sin una dirección colectiva, los grandes y pequeños movimientos sociales que van a transformar a México, entre ellos el de los mineros en pie de lucha, el de los electricistas que todavía tienen por delante el reto de organizar la huelga de pagos a la Comisión Federal de Electricidad, el de los que claman justicia para los niños quemados en la guardería ABC de Hermosillo y, por supuesto, el de los campesinos de Atenco, sentenciados a 112 años de cárcel, que a partir del próximo miércoles podrían quedar libres o resignarse a permanecer presos hasta que el pueblo derrumbe los muros de sus celdas, todo lo cual dependerá de lo que decidan los ministros de la Suprema Corte, que han hecho del máximo tribunal de México el basurero moral de la nación.

lunes, 14 de junio de 2010

LA DESTRUCCIÓN DEL DERECHO DE HUELGA



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La destrucción del derecho de huelga
Arnado Córdova

La Constitución mexicana de 1917 fue la primera en el mundo que reconoció la huelga como un derecho de los trabajadores (luego le seguiría la alemana de Weimar en 1919). En su fracción XVII establece: “Las leyes reconocerán como un derecho de los trabajadores… las huelgas…”, y en la XVIII precisa: Las huelgas serán lícitas cuando tengan por objeto conseguir el equilibrio entre los diversos factores de la producción, armonizando los derechos del trabajo con los del capital. En la primera edición del segundo tomo de su Derecho mexicano del trabajo (Porrúa, 1949, p. 810), el maestro Mario de la Cueva la definió así: La huelga es el ejercicio de la facultad legal de las mayorías obreras para suspender las labores en las empresas, previa observancia de las formalidades legales, para obtener el equilibrio de los derechos e intereses colectivos de los trabajadores y patronos.

Con la excepción del sexenio cardenista (1934-1940) el derecho de huelga fue invariablemente burlado y violado por el gobierno priísta. Desde Salinas de Gortari, la divisa de los gobiernos derechistas y reaccionarios que padecemos se ha distinguido por buscar la destrucción sistemática de ese derecho, si no legislativamente, siempre en los hechos. Antes, en mis tiempos mozos, un buen abogado podía preservarlo y hasta ganar en buena lid en los tribunales. Las huelgas hoy ya no las ganan los trabajadores. Cuando mucho, se las puede negociar con ciertas desventajas, cosa que ocurría muy a menudo en el pasado, pero no con tantas limitaciones como ahora.

Hay muchos modos autoritarios de conjurar las huelgas. Ya desde los tiempos de De la Madrid (caso de los trabajadores nucleares) era usual, por lo menos en el sector público, desmantelar o desaparecer las empresas y dejar en la calle a los trabajadores sin darles siquiera la oportunidad de defenderse. Eso podía ser legal, pero abiertamente anticonstitucional. Ahora sucedió con la liquidación de Luz y Fuerza del Centro. Ese acto fue anticonstitucional e incluso ilegal, y los trabajadores, despedidos de esa forma, quedaron totalmente indefensos. Con ello se anularon más de cien años de progreso del derecho del trabajo en México y se volvió a los viejos buenos tiempos de la revolución industrial en Inglaterra, cuando se encadenaba a los trabajadores para que no pudieran escapar.

La derecha en el gobierno es retrógrada y dispuesta siempre a la barbarie. En la Constitución la fuerza de trabajo, los hombres que trabajan para mantenerse y viven de su trabajo, es la primera riqueza de la sociedad mexicana. Sin ella no hay producción, se repitió hasta la saciedad en el Constituyente de 1917, y sin producción no hay riqueza posible. Para nuestros gobernantes derechistas las clases trabajadoras (incluidos los clasemedieros) son sólo un alimento para la riqueza personal de los empleadores y es absolutamente desechable. La enseña de sus gobiernos no es la protección y el cuidado de la sociedad, sino el procurar a los empresarios (mejor si son extranjeros y españoles o gringos) el máximo de ganancia y de beneficio. Al resto le reparten sólo migajas.

Al orangután, despiadado y carente de cerebro, que tenemos en la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, eso le parece la verdadera ley de la vida y se muestra continuamente indignado de que los trabajadores, vencidos y pataleando, literalmente, todavía se atrevan a defenderse apoyados en la ley y en la Constitución. A los liliputienses perrillos falderos que tiene en la secretaría, con títulos, pero sin estudios, los lanza continuamente a ladrarles a los litigantes de los trabajadores en problemas y a quienes se atreven a denunciar sus iniquidades y felonías. Para ellos, los trabajadores están en el paraíso y les resulta indignante que se atrevan no sólo a revelarse dentro de la ley, sino que no le reconozcan a su gobierno derechista y ultramontano lo bueno que ha sido con ellos.

La huelga, como derecho colectivo, es la única arma que los trabajadores tienen para equilibrar su situación y su poder de negociación frente a los patronos y el Estado debe protegerlo. La huelga siempre será costosa para los empresarios, pero también lo es para los trabajadores. Ellos hacen sacrificios indecibles mientras luchan y su recompensa no ha sido nunca la destrucción de su patrón, sino la restauración de un estado en el que la empresa se mantiene incólume y los trabajadores satisfacen sus demandas, siempre dentro de la ley. Para los derechistas, las huelgas son agresiones a la sociedad y así lo enseñan en sus escuelas de derecho.

Hoy estamos ante la destrucción que se antoja por momentos definitiva del derecho de huelga. Y su defensa sigue siendo, por desgracia, sólo un asunto de los mismos trabajadores. Derrotados una y otra vez por los malos gobiernos, siguen siendo sus únicos defensores. A la sociedad, domesticada como está, no sólo no le interesa, sino que le molesta, por aquello de los desmadres que ocasiona y los inconvenientes que provoca. En esta sociedad cada vez es más indeseable el derecho del trabajo y más irrelevante la situación de nuestra clase obrera, grandes o pequeñas que sean sus organizaciones y peor cuando ni siquiera están organizados.

La villanía de que han sido objeto los trabajadores mineros de Cananea no tiene nombre. Después de casi dos años y medio de una resistencia imbatible a través de los cuales los mineros huelguistas supieron sobreponerse a todas las embestidas patronales y gubernamentales (lograron revertir todos los fallos de una prostituida Junta Federal de Conciliación y Arbitraje que les declaraba inexistente su movimiento de huelga), hasta que a algún abogado, derechista y metalizado, se le ocurrió denunciar que la mina ya no estaba en condiciones normales de funcionar. Entonces la justicia federal se fue, finalmente, contra los mineros y declaró su huelga sin materia, vale decir, sin causa justificada, lo que desde un principio se vio que era una falsedad.

Los monstruosos agravios que la derecha, a través de sus gobiernos, principalmente, está consumando en contra la sociedad, la tienen sin cuidado. En su visión de las cosas, el pueblo, como en tiempos del PRI, sigue aguantando todos esos agravios y no sabe responder o se conforma con su suerte. A nadie en la sociedad parece importarle el hecho de que 44 mil electricistas sean echados a la calle o, por su propia decisión, estén consumiéndose en una huelga de hambre en el centro de la ciudad (ahora hasta se pide, para bien del mundial, que se les eche del Zócalo), ni, mucho menos, que mil doscientos mineros de Cananea sean víctimas de la ofensiva de la derecha contra la huelga y se ocupe policialmente su centro de trabajo.

Estamos entrando de lleno al paraíso social que la derecha siempre ha soñado: una sociedad sin trabajadores rijosos que sólo molestan con sus imprudentes demandas (todo lo que un trabajador muerto de hambre exige resulta imprudente) y, claro, un gobierno que sabe ponerlos en cintura. ¿Sabrán, realmente, los derechistas qué vendavales están a punto de desatar?

domingo, 13 de junio de 2010

LA MAFIA QUE SE ADUEÑÓ DE MÉXICO ... Y EL 2012

Bajado a la carrera de Internet , la columna "Desfiladero" del brillante y valiente periodista ejemplar Jaime Avilés, que publica cada sábado "La Jornada", en donde nos hace algunos comentarios sobre un libro que seguramente será muy importante por la información tan valiosa sobre el saqueo de México en los últimos años. Esperando que les sea de utilidad e interés, un saludo con afecto para todos. Atentamente: EAJM.

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Desfiladero

¿Qué plantea el nuevo libro de López Obrador?

Jaime Avilés

Primero, que Felipe Calderón ya no existe: cuando salga de Los Pinos, si bien le va, será director jurídico de El Palacio de Hierro. Pero no es el único ni el principal culpable de la destrucción del país. Quienes se sirvieron de él no lo llevaron al poder: lo usaron para crear un vacío de poder, que les permitiera seguir apropiándose de las riquezas nacionales.

Dos hechos recientes prueban la validez de esta tesis: Calderón desalojó con violencia las minas de Cananea y Pasta de Conchos, por órdenes de Germán Larrea, el tercer hombre más rico de México. Y adjudicó los 20 mil kilómetros de fibra óptica de Luz y Fuerza del Centro a Televisa (Emilio Azcárraga) y a Telefónica (Francisco Gil Díaz).

La instalación de esa red, pagada con el dinero del pueblo, costó más de 30 mil millones de pesos, pero Calderón la remató en 883 millones, dijo Andrés Manuel López Obrador el jueves, durante la presentación de La mafia que se adueñó de México... y el 2012, libro que ya circula bajo el sello de Random House-Mondadori, y que según Luis Javier Garrido debe ser leído y pasar de mano en mano, porque es un instrumento de trabajo muy importante para (el desarrollo de) las luchas actuales de nuestro pueblo.

La segunda tesis de la obra es que 100 millones de mexicanos estamos bajo el dominio de 30 personas, a saber, 16 hombres de negocios, 11 políticos y tres tecnócratas. Los magnates, jerarquizados de acuerdo con su riqueza, son: Carlos Slim (Telmex), Ricardo Salinas (Tv Azteca), Germán Larrea (Minera México), Alberto Bailleres (Peñoles), Jerónimo Arango (Wal Mart), Roberto Hernández (Citibank), Emilio Azcárraga (Televisa), Alfredo Harp Helú (Banamex), Claudio X González (Kimberly Clark), Lorenzo Zambrano (Cemex), Lorenzo Servitje (Bimbo), Gastón Azcárraga (Mexicana de Aviación), Carlos Peralta (Iusacell) y José Antonio Fernández (Femsa), entre otros.

Los 11 políticos, de acuerdo con su importancia en la cadena de mando, son Carlos Salinas de Gortari, Diego Fernández de Cevallos, Enrique Peña Nieto, Manlio Fabio Beltrones, Elba Esther Gordillo, Beatriz Paredes, Emilio Gamboa, Francisco Rojas, Vicente Fox, Felipe Calderón y Luis H. Álvarez. Y los tecnócratas (los que ejercen el gobierno de la técnica), son Francisco Gil Díaz, Guillermo Ortiz y Pedro Aspe.

Este grupo tiene un fundador que es también su jefe supremo: Salinas. López Obrador lo explica así: Salinas no sólo se propuso entregar empresas y bancos propiedad de la nación a particulares, a cambio de acciones o sobornos para él y su familia, sino que se empecinó en crear un grupo compacto con quienes se beneficiaron con el remate de los bienes públicos, para que le ayudaran, económica y políticamente, a sustentar su poder transexenal (página 16). Así, se conformó el grupo de potentados que, a la postre, se adueñaría de México [y] definieron la política de pillaje que persiste hasta la fecha; es decir, el salinismo, que han aplicado Zedillo, Fox y Calderón en beneficio de los mismos amigos del régimen (página 24).

Entre las páginas 16 y 24, López Obrador detalla cómo Salinas, su hermano Raúl y el secretario de Hacienda, Pedro Aspe, aprobaron a todos los que querían participar en el reparto de empresas y bancos y, en varios casos, los apostadores que quedaban en segundo lugar en la subasta de un banco, casi siempre ganaban cuando se ponía otro a la venta. Por ejemplo, cuando enajenaron Multibanco Mercantil de México, el 14 de junio de 1991, a favor de José Madariaga Lomelín, la postura que ocupó el segundo lugar fue la de Ángel Rodríguez Sáez, a quien le entregaron, el 24 de septiembre de 1993, la Aseguradora Mexicana.

El 21 de junio de 1991 le vendieron Banpaís a Julio C. Villarreal y en segundo lugar quedó Jorge Lankenau, a quien mes y medio después le asignaron Confía. En septiembre de 91 le entregaron Banamex a Roberto Hernández y el segundo postor, Carlos Gómez y Gómez, recibió Somex en marzo de 92. El 8 de noviembre de 1991 le vendieron Bancomer a Eugenio Garza Lagüera y al segundo lugar, Adrián Sada, el 3 de febrero de 1993 le dieron Serfín. Y así hasta la náusea.

López Obrador denuncia que la reforma al artículo 27 constitucional, que garantizaba la propiedad de la tierra a los campesinos, en realidad se hizo para quitar la traba jurídica que impedía entregar a particulares lo que había bajo la tierra, es decir, los metales preciosos. Sin que nadie se diera cuenta, el salinismo privatizó en favor de empresas nacionales y extranjeras yacimientos minerales que hoy abarcan una extensión similar a la superficie del estado de Chihuahua.

Los privilegios de esta mafia, que a la fecha obedece a Salinas por agradecimiento o por temor, provocaron una injusta acumulación de riqueza, que a su vez paralizó el crecimiento, frenó el desarrollo y destruyó el bienestar, dando paso al desempleo, la emigración, la miseria, la violencia y la falta de fuerza institucional que se tradujo en la debacle que vivimos actualmente, expone y documenta López Obrador en el segundo capítulo de su libro, mientras en el tercero, elogiado por Armando Bartra y Luis Javier Garrido como el corazón de la obra, el infatigable nómada tabasqueño relata sus viajes por los 2 mil 38 municipios de régimen de partido que hay en el país y los 418 de usos y costumbres de Oaxaca.

A través de estas narraciones, Andrés Manuel se posiciona como el único político mexicano que en estos momentos conoce todos y cada uno de los pueblos que hay en el mapa nacional, todas las carreteras, todas las casetas de peaje, todos los dolores, todas las carencias, todos los sueños y todas las demandas de la gente en cada estado y en cada región. Nadie posee una visión tan profunda y compleja de los problemas que hay que atender.

El noveno libro de López Obrador termina con una sugerente lección de historia. En 1853, recuerda, México estaba en llamas y lo gobernaba Mariano Arista, un pobre diablo, inepto, ignorante y ladrón, que no servía para nada. Angustiados porque veían que el país se desbarataba, conservadores y liberales trajeron de Colombia a Santa Anna, que había sido presidente 10 veces y era, por mucho, el principal culpable del desastre. A su llegada, Lucas Alamán, el ideólogo de la derecha, le ofreció un proyecto de gobierno para favorecer a los ricos, a la burocracia y al ejército, y le aseguró que dominaría al pueblo porque los poderosos controlaban todos los periódicos.

Miguel Lerdo de Tejada, por los liberales, le recomendó lo contrario, esto es, un proyecto en beneficio de los desposeídos y para reconstruir el Estado en ruinas. Como era de esperarse, Santa Anna se inclinó por las ideas de Alamán, a quien tomó como asesor, con tan mala suerte que se le murió a los dos meses de haberlo nombrado, y entonces se quedó solo y se volvió loco. Dictó medidas delirantes, como la del impuesto a las ventanas, hasta que su gobierno se hundió en el caos y entraron al relevo los liberales, encabezados por Benito Juárez, que transformaron al país.

Hoy por hoy, Calderón es Arista, el PRI es Santa Anna y, como en 1850, los ricos controlan de nuevo casi todos los medios de comunicación. Pero en 2012 el pueblo puede volver a votar por Santa Anna o, si se organiza, luchar por un proyecto alternativo, radicalmente distinto, que rescate y transforme a México. A la fecha existen ya 8 mil comités territoriales, dentro de los 2 mil 500 municipios del país, que impulsan el de López Obrador.