Pero, bueno, vivimos en México. Aquí decimos y aceptamos cosas como: "el que no transa no avanza" o que "un político pobre es un pobre político". Es muy común escuchar a la gente (al hablar sobre alguien que pasó por un cargo público) expresar con la mayor naturalidad, "que pendejo", por no aprovecharse de ello.
Por eso escuchamos y vemos miles y miles de anuncios y comerciales en diarios, en radio y televisión (gastando miles de millones de pesos sin que a nadie tengan que rendir cuentas) de los tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) en donde nos mienten, nos engañan, nos defraudan sin la mayor preocupación por que alguien los pudiera investigar por ello. Las cosas que verdaderamente nos deberían informar, las de mayor interés de la nación, las más importantes y valiosas, las de gravedad, esas nos las ocultan, nadie dice nada, casi nadie las denuncia, y si alguien lo hace, casi nadie lo nota o les pone atención.
Vean por ejemplo el editorial del día de hoy que publica el diario "La Jornada" (que le hago si es no sé si el único periódico importante que lo hace), en relación a el saqueo tan grave que sigue adelante con el que es quizás el mayor y más valioso recurso natural de nuestro país y que debería servir (si tuvieramos un gobierno honesto y capaz) para que saliéramos de tanta pobreza, atrazo y desigualdad. Analícenlo y vean la gravedad de lo que sigue ocurriendo con estos gobiernos tan corruptos y cínicos, con la complicidad de los otros dos poderes y con la indiferencia de la mayoría de los mexicanos, desafortunadamente.
Esperando que les sea de interés y utilidad, reciban como siempre un saludo con mis mejores deseos par todos. Atentamente: EAJM.
Pemex: opacidad y dudas
sociedad limitada–, maneja recursos millonarios por venta de crudo mexicano que, sin embargo, no pueden ser fiscalizados por la Cámara de Diputados, toda vez que la empresa opera bajo disposiciones del derecho privado.
Por desgracia, el caso de la compañía referida no es aislado: en las últimas décadas, Pemex se ha hecho de una intrincada red de empresas privadas
que operan como fachadas corporativas, realizan operaciones en el extranjero –principalmente en países considerados paraísos fiscales como Luxemburgo, Suiza, Islas Caimán, Holanda, Panamá y Las Bahamas– y, por consiguiente, no rinden cuentas ni están sujetas a la legislación mexicana.
La información proporcionada por la ASF pone el dedo en la llaga al señalar las limitaciones del Estado mexicano en materia de fiscalización y plantea interrogantes ineludibles: por principio de cuentas, el gobierno federal tendría que explicar por qué razón se ha buscado sacar parte de las operaciones y los recursos de la paraestatal de la órbita de las instancias de fiscalización correspondientes, medida que debe entenderse como una ampliación de los márgenes de maniobra para posibles manejos inadecuados de dineros públicos. También resulta obligado preguntarse con qué intenciones se pretende que una empresa pública funcione con mecanismos y lógicas de corporaciones privadas, cuando su principal compromiso debiera ser para con el mejoramiento de las condiciones de vida de la población mexicana, la reactivación económica y las perspectivas de desarrollo nacional.
El esclarecimiento de esas interrogantes adquiere mayor relevancia si se toma en cuenta la opacidad y el ocultamiento proverbiales con que los sucesivos gobiernos –especialmente los de Vicente Fox y Felipe Calderón– han manejado la administración de los recursos petroleros. En el caso del segundo, la falta de transparencia se ve agravada con las intenciones de entregar los filones más redituables de la industria petrolera nacional a manos privadas, como lo pretendía la iniciativa de reforma energética presentada hace dos años.
La claridad y la transparencia como normas de conducta en la acción política y en el gobierno le harían mucho bien al país y, sobre todo, a la administración federal actual, deficitaria de legitimidad desde su origen y con una credibilidad mermada por su deficiente desempeño en prácticamente todos los ámbitos del quehacer gubernamental. En el caso que se comenta, cabe esperar que las autoridades correspondientes atiendan a las consideraciones anteriores y actúen en consecuencia.

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